La bailarina, que ha interpretado los títulos más importantes del repertorio, se cubrirá nuevamente de plumas blancas y negras para encarnar el desafiante doble rol de Odette y Odile en El lago de los cisnes, obra cumbre del ballet clásico que, por primera vez, se verá de forma completa en la provincia. Será junto al ballet del Teatro Colón, con dirección artística de Julio Bocca (mera coincidencia de apellidos), los días 26, 27 y 28 de noviembre, en el Teatro del Bicentenario, en el marco de su 10° aniversario.
- Se suelen romantizar los logros, sin reparar en los procesos. ¿Cómo fue el tuyo?
- El proceso, además de ser largo, fue muy cambiante. Fue cambiando a medida que yo iba cambiando. Desde chiquita era una nena súper compenetrada en lo que quería hacer. Luego, con el colegio se puso más difícil, y a medida que iba creciendo eran más responsabilidades. A los 18 entré en el ballet estable del Teatro Colón, un mundo nuevo que me fascinó desde el primer momento. Primero fue descubrir, después se fueron sumando responsabilidades, me ascendieron a solista y cada vez más roles y más responsabilidades. Hubo años en los que estuve muy bien, otros en los que no estuve tan bien, como cualquier persona, y siempre traté de ir solucionando. Pero la carrera siempre estuvo ahí, a veces como sostén, a veces como compañía, pero siempre estuvo.
- ¿Y cómo es ser figura del Teatro Colón?
- Es increíble, es un honor enorme, sobre todo por mis compañeros. Ellos me acompañan, me apoyan, son un sostén diario. El teatro mismo te recibe. Yo llegué desde Santa Fe a los 18, sin conocer a nadie, nunca había vivido sola… Y el teatro te abraza, te dice “bueno, ahora éste es tu lugar”, y te hace sentir cómoda desde el primer momento. Y ese apoyo, de mis compañeros, de mi familia, del público, es lo más importante.
- ¿Te tentó alguna vez radicarte en el exterior?
- Sí, y tuve oportunidades. Mucho tiempo busqué esa oportunidad, quizás más chica, porque escuchaba que todo era mejor y que todo funcionaba bien, cuando no es así. Y cuando tuve en mis manos la oportunidad, pensé que era dejar mi país, mi teatro, mi familia, mis amigos … Y decidí quedarme. Me di cuenta que no necesitaba irme para hacer una carrera, que era muy feliz acá.
Me di cuenta que no necesitaba irme para hacer una carrera, que era muy feliz acá Me di cuenta que no necesitaba irme para hacer una carrera, que era muy feliz acá
- En el Colón pudiste hacer los roles más importantes. ¿Qué significa para vos encarnar a Odette y a Odile?
- Es uno de los desafíos más grandes de este ballet. Es muy difícil, es un trabajo muy individual, muy minucioso. Es cuestión de hacerlo, de verse en un espejo, que alguien te vea y estar abierto a escuchar opiniones de maestros, ensayistas, compañeros… Yo no suelo ver videos, pero cuando algo no me cierra -sobre todo porque El lago tiene unos brazos muy difíciles, que no son los normales de ballet, porque estás encarnando a un cisne- entonces miro varias bailarinas, pero en un proceso de buscar, de aprender, de desaprender también... Yo creo que nunca se termina de aprender El lago de los cisnes. Es la cuarta o quinta vez que lo hago y nunca dije “Ahora sí, está listo”. Mirá, yo soy de terminar los ensayos e irme a mi casa a descansar, a divertirme… Pero éste es un ballet que me llevo a casa, me pongo a pensar en un brazo o que me gustaría hacer esto… Creo que es el único ballet que me ha despertado eso.
Camila, como Odette (el cisne blanco), junto al hechicero Rothbart, en El lago de los cisnes
- ¿Cómo gestionás la metamorfosis entre personajes tan distantes en cuestión de minutos?
- Creo que no se trata de interpretar a Odette o a Odile, sino de seguir siendo Camila, pero usando a cada personaje. Creo que todos tenemos una parte de Odette y una parte de Odile adentro, entonces se trata de buscar eso que me hace identificarme con una y otra para interpretarlas. Si intentara ser Odette o ser Odile dejando de ser yo, no sé si se lograría el cambio tan rápido.
- Otra perlita de El lago, y algo que el público espera, son sus 32 fouettés. ¿Qué sentís en ese momento?
- Creo que, junto a Temas y Variaciones, de Balanchine, es lo más cansador que interpreté en toda mi carrera, así que uno piensa en respirar, en tranquilizarse y en confiar en que todo lo que trabajaste, está ahí. Y el público no es una presión, es una adrenalina que suma, que hay que saber canalizar para que no juegue en contra.
- ¿Y cómo se hace para que el virtuosismo y la técnica no eclipsen el dramatismo del personaje y de la obra?
- Creo que lo técnico y lo interpretativo no se opacan si sabemos aprovecharlos para que se alimenten uno al otro. Hay momentos en los que Camila está muy cansada y todavía me quedan los 32 fouettés, entonces ahí aparece Odile... Como que se van haciendo más fuertes entre ellas.
- Muchas leyendas han dejado su huella en el Lago de los Cisnes ¿Cómo encontraste tu propia identidad, qué sello le imprime Camila Bocca, más de 100 años y decenas de figuras después?
- Hay bailarinas que he visto, como Ulyana Lopatkina, Zakharova, que son Odette, son el cisne. Pero yo no tengo el cuerpo de Lopatkina ni las piernas de Zakharova, no soy ninguna de ellas; así que tenía que encontrar el cisne con mi cuerpo, mis brazos, mis piernas, mi altura. Creo que esa búsqueda fue mucho más fructífera que intentar ser otra. Ese fue mi sello, ser yo la que interpreta los roles, no intentar ser otra. Quiero que mi cisne tenga mi marca, mi esencia. Eso es lo que no estoy dispuesta a perder. Lo especial de cualquier bailarín es esa esencia. Lo hermoso de ver a un artista interpretando a alguien es ver cómo ese personaje aparece a través de la persona, cómo se ve un cisne a través de Camila Boca o de Ayelén Sánchez. Cada una va a ser un cisne diferente, porque cada una tiene cuerpos, historias, personalidades diferentes, y creo que eso es lo mágico. Si no, iríamos a ver una vez en la vida El lago de los cisnes y listo. Pero tenés infinitas posibilidades con una misma obra, por eso se sigue haciendo; si no, ya hubiera muerto en Lopatkina.
Tenía que encontrar el cisne con mi cuerpo, mis brazos, mis piernas, mi altura. Creo que esa búsqueda fue mucho más fructífera que intentar ser otra. Ese fue mi sello
Tenía que encontrar el cisne con mi cuerpo, mis brazos, mis piernas, mi altura. Creo que esa búsqueda fue mucho más fructífera que intentar ser otra. Ese fue mi sello Tenía que encontrar el cisne con mi cuerpo, mis brazos, mis piernas, mi altura. Creo que esa búsqueda fue mucho más fructífera que intentar ser otra. Ese fue mi sello
Día Nacional de la Danza: tragedia y homenaje
En Argentina, el 10 de octubre, se celebra el “Día Nacional de la Danza”, en memoria de los bailarines del Teatro Colón, fallecidos en una de las peores tragedias aéreas de la historia del país, hace exactamente 55 años. El 10 de octubre de 1971, se dirigían a Trelew para presentarse en el Teatro Español. Después de despegar de Aeroparque, el avión se precipitó sobre el Río de la Plata, cuando intentaba regresar al aeropuerto por fallas en uno de sus motores. No hubo sobrevivientes. La tragedia truncó la vida de dos de los mejores bailarines argentinos, Norma Fontenla y José Neglia; y junto a ellos Sara Bochkovsky, Rubén Estanga, Margarita Fernández, Marta Raspanti, Carlos Santamarina, Carlos Schiaffino y Antonio Zambrana.